¿Cómo “enganchar” a los niños y adolescentes con la escuela?

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Por Marcos Radzanowicz (Psicólogo. Coordinador del Centro de Día)

Después de un período (el verano) con límites más laxos, donde el esparcimiento ganó tiempo y espacio, hay que volver a las rutinas, los horarios, las tareas y los compromisos: es hora de volver al cole. La escuela es el lugar por excelencia para aprender y desarrollar habilidades sociales y cognitivas: aprendemos a relacionarnos con otros semejantes y con los adultos; también descubrimos el mundo de las reglas que regulan cada espacio y a convivir con ellas.

Una de las funciones más importantes del Centro de Día de Ieladeinu es acompañar a los niños y sus familias durante la educación escolar. Desde la creación del Centro de Día, logramos que muchos niños, niñas y adolescentes (en adelante, niños) retomen la escuela, terminen sus ciclos lectivos e, incluso, lo hagan como escoltas o abanderados.

¿Cómo “enganchar” a un niño con la escuela? ¿Cómo se lo puede estimular, afianzar, promover su autoestima para que aprender sea una buena experiencia? En este artículo resumimos tips e ideas para lograrlo.

La institución escolar tiene un rol fundamental en la crianza. Aunque a menudo solemos escuchar que es el lugar natural en el cual un niño debe estar para su desarrollo, no hay nada de natural en este encuentro: cada niño tiene su modo propio de relacionarse con la escuela, sus maestros y sus pares. Estas particularidades están determinadas de manera múltiple por la historia personal de cada niño y su familia, el contexto en el que viven y el modo en el que cada uno de los adultos responsables se relaciona y se involucra con el aprendizaje y el saber. 

A su vez, cada escuela, cada director, cada equipo docente, difieren. Por eso, es usual que las expectativas cruzadas entre alumnos y escuelas se traduzcan en dificultades de integración y aprendizaje que se manifiestan de diferentes modos: niños inquietos, que no pueden prestar atención, niños que sienten que la escuela no es para ellos, desinteresados, niños que se sienten excluidos, sin ganas de aprender, niños que piensan que no le importan a sus docentes, agresivos… 

En el Centro de Día comenzamos por tratar de entender: ¿de qué tipo de dificultad estamos hablando? ¿Es evolutiva, cognitiva, fisiológica, social, etc.? Pero sobre todo, trabajamos con la convicción de que siempre se puede hacer algo al respecto. Es importante destacar que no hay recetas preestablecidas que nos garanticen el éxito pero queremos compartir algunas ideas para ayudar a los niños y adolescentes a estar de una manera saludable en el contexto escolar:

Un pequeño esfuerzo puede lograr grandes cambios

Por Amiela Spector (Directora de Ieladeinu)

Queridos padres y madres:

Muchos de nosotros somos grandes críticos, con razón y sin ella, de la escuela de nuestros hijos y año a año encontramos muchos motivos para enojarnos con el colegio. Este año, propongamos como desafío ser socios en la educación de nuestros niños, dejar de ser espectadores para involucrarnos y mostrarles a nuestros hijos lo valioso e importante que es poder ir a la escuela.

Nuestra historia judía nos muestra constantemente todo lo que lucharon nuestros hermanos Ieudím por educar a sus descendientes y cuántas veces esto les fue vedado.

Hoy, tenemos el privilegio y la Brajá de que nuestros hijos puedan ser educados, muchos de ellos en colegios judíos repletos de valores y mitzvot. Aprovechemos entonces la energía del comienzo para llenar la mochila de útiles pero también de ganas, entusiasmo, esfuerzo, estudio, aprendizaje, compresión, paciencia, acompañamiento y, sobre todo, mucho amor.

¡Quiera Hashém que nuestros hijos puedan tener un hermoso y fructífero ciclo lectivo!

  • Los padres y adultos responsables tienen que involucrarse activamente en el proceso educativo de los niños, acompañarlos en sus búsquedas, hablarles, comunicarse con ellos y, sobre todo, escucharlos.
  • Escucharlos es también enseñarles a hablar: preguntarse cómo estuvo su día, qué es lo que les gustó, qué hubieran preferido que sea diferente…
  • Escucharlos es también aprender a hablar: contarles cómo fue nuestra historia escolar, qué nos gustaba, qué nos costaba…
  • Es fundamental transmitir la importancia del respeto y apego a las leyes y personas que regulan el espacio escolar. Ayudarlos a entender que si bien hay reglas que prohíben, también autorizan, habilitan la posibilidad de hacer otras cosas.
  • También es esencial respetar a la escuela: si las familias no confían en la institución (y viceversa), los niños no tienen ninguna plataforma para aprender a respetar el espacio educativo, las personas que lo componen y sus reglas. Si los adultos confiamos, los niños también. La confianza es la base de todo.
  • Es necesario ejercer una autoridad dentro de cada casa y en la escuela: los niños necesitan límites, normas y reglas para organizar su vida y orientar sus relaciones con sus semejantes. Los límites también transmiten seguridad.
  • Para que un niño pueda aprender, debe contar con un sostén afectivo y económico digno que le permita dirigir su atención a lo que la escuela le demanda. Es difícil concentrarse con hambre, sueño o miedo.
  • Dirigirse a ellos de manera tal que se sientan queridos, amados, apreciados, que sepan que tienen un lugar en la familia, sea cual sea su conformación, para que puedan apreciarse a sí mismos. Es más fácil aprender a valorarse a uno mismo cuando otros ya te valoran.
  • La escuela no puede, no debe, atentar contra la autoestima de los niños: los castigos físicos y psicológicos no corrigen sino que empeoran la situación. La escuela también tiene que respetar todos los derechos de los niños.
  • Además de enseñar a conquistar ideales y valores, tenemos que enseñar (y aprender) a soportar cuando las cosas no salen como queremos: no siempre se gana el partido, no siempre se logra un 10 ni se juega a lo que uno quiere. Las dificultades pueden ser fructíferas si se las reconoce, se hace algo al respecto, si se les saca provecho… también se puede enseñar a “sospechar” de todo lo fácil (tareas fáciles, dinero fácil, vida fácil). Los atajos no siempre ayudan.
  • El esfuerzo y la disciplina son necesarias para tener una relación productiva con el saber y la comunidad en general. Los niños tienen que aprender esto. Los adultos también.

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